La amnesia de Carreras




Excelente artículo del español Rubén Amón, quien hace una radiografía de la reciente publicación sobre las memorias del barcelonés José Carreras, quien ha sorprendido a más de uno tras atribuirse la idea de los "tres tenores".



Fuente: Blog de pecho


Las memorias de José Carreras, recién publicadas en la editorial , me han sorprendido porque el cantante barcelonés se atribuye la invención de la idea de los “tres tenores”.  Admite que alguien le mencionó el interés y la importancia de reunirse con Domingo y Pavarotti, pero la amnesia o la conveniencia le impiden recordar quién fue exactamente el visionario.

No sucedió así desde luego cuando tuve ocasión de entrevistar a Carreras en Zúrich con ocasión de “El triunvirato” (Temas de Hoy). Me dijo entonces, como publiqué y como prueba una grabación, que la paternidad de la idea correspondía a Aquiles García Tuero.




El empresario asutirano había advertido y apreciado en directo la reconciliación de Domingo y Carreras. También conocía las buenas relaciones que existían entre el «resucitado» y Luciano Pavarotti, de tal forma que la iniciativa de reunirlos formaba parte de una visión providencial.

De hecho, el concierto estuvo a punto de celebrarse en 1989. No para «calentar» la final del Mundial de fútbol, sino para celebrar el décimo aniversario de la muerte del tenorísimo Giacomo Lauri-Volpi, cuya nacionalidad (italiana) y tierra de adopción (España) concedían sentido a la iniciativa de un espectáculo itagnolo con trasfondo de reconciliación.

También pertenece a García Tuero la idea del escenario, no sólo por el espacio sugestivo y teatral de las Termas de Caracalla sino también porque Lauri-Volpi era romano y tenía especial sentido evocarlo en uno de los símbolos arquitectónicos de la capital italiana.

Fue allí donde finalmente comparecieron los tres tenores, pero algunas diferencias entre Carreras y García Tuero «descarrilaron» al promotor asturiano en beneficio del oportunista “productor” Mario Dradi. El concierto de bienvenida a José Carreras ya no suponía un homenaje a Lauri-Volpi, sino que consistía, pragmáticamente, en celebrar el Mundial de Italia la víspera de la final.

El acontecimiento futbolístico representa una de las grandes claves del fenómeno sociológico en que se ha convertido el hallazgo y hasta la «franquicia» de los tres tenores; no por desmerecer la reunión artística de los tres divos ni por subestimar la importancia del «regreso» de Carreras, sino porque el Mundial desempeñó un papel de fabulosa caja de resonancia.



Las grandes televisiones del planeta se habían «enganchado» a la gala, y lo hubieran hecho independientemente de los contenidos; igual que sucede en la apertura y en la clausura de unos Juegos Olímpicos. De hecho, la fórmula de tres «pingüinos» equipados de frac y dispuestos a cantar arias de ópera parecía contradecir una respuesta masiva en los hogares, desde Tokio a Londres, desde Bangkok a Vancouver.

¿Qué sucedió entonces? El empresario Tibor Rudas, aliado de Pavarotti y productor de la segunda parte de los tres tenores, ha dado con una respuesta bastante convincente al respecto: «Era algo que el público estaba esperando desde hacía mucho tiempo, pero nadie se había dado cuenta de la demanda hasta que surgió el concierto.»

Viene a cuento el verbo «surgir» porque se atiene con bastante exactitud a la suma de factores que contribuyeron a la sorpresa del acontecimiento; incluidos, entre ellos, el grado de sintonía y de espontaneidad que compartieron los protagonistas sobre el escenario.

Podía tratarse de un partido amistoso, incluso podían prevalecer el juego limpio, la cordialidad, la deportividad, pero ninguno de los tres «futbolistas» ignoraba que el concierto delimitaba la respectiva hegemonía y que la millonaria audiencia sobrentendía una ocasión para despuntar y destacar sobre los demás contendientes, más allá de las sonrisas y de las emociones.




La pugna traspasaba las termas de Caracalla y llegaba a los telespectadores como una fórmula precursora y embrionaria de los programas concurso que harían después furor en las grandes cadenas internacionales. Había entretenimiento sobre la escena, había competición, había un aspecto humano de primer orden en nombre de la reaparición de Carreras y había, por último, un contenido cultural que se desencorsetaba a beneficio de un público virginal.

La diferencia esta vez consistía en que el disco del triunvirato sobrepasó todos los hitos conocidos y que se convirtió al mismo tiempo en un concepto musical, mercadotécnico, cultural y comercial que tendría por delante, imposible sospecharlo entonces, veintidós años de vida, 29 conciertos en vivo, millones de discos vendidos y más espectadores aún convertidos  a la experiencia operística.

Semejantes razones contradicen que José Carreras hablé de “alguien” cuando ese “alguien”  es el padre de la idea por la que el propio tenor catalán ha pasado al Olimpo de la ópera. Por sus méritos. Y por la fuerza que le otorgaron sus compañeros de reparto. Corazón ingrato.


Escrito por: Juanjo Dioses


La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso.

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